La ley de protección de glaciares de Chile ha de basarse en la ciencia

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Una vista de los Andes en el centro-sur de Chile se ve desde el glaciar principal que cubre el complejo volcánico Nevados de Chillán. Foto: Alfonso FernándezUna vista de los Andes en el centro-sur de Chile se ve desde el glaciar principal que cubre el complejo volcánico Nevados de Chillán. Foto: Alfonso Fernández

 
Esta historia apareció originalmente en EOS y se vuelve a publicar aquí como parte de Covering Climate Now, una colaboración periodística mundial para reforzar la cobertura de la crisis climática.

 
Por Alfonso Fernández, Shelley MacDonell, Marcelo Somos-Valenzuela y Álvaro González-Reyes
Traducccion por Rosa Baranda
 
Durante mucho tiempo se ha considerado a los glaciares como tótems estáticos, pintorescos, o como mantos imperturbables de paisajes permanentemente congelados, especialmente en las sociedades distantes de las montañas y los polos. Sin embargo, tal y como las comunidades tradicionales de montaña, con experiencia de primera mano, saben y atesoran desde hace tiempo, y tal y como los glaciólogos, hidrólogos y meteorólogos han descifrado y comunicado, los glaciares no son para nada estáticos. Más bien son agentes dinámicos del paisaje, e indicadores inconfundibles de una rápida transformación ambiental [Gagné et al., 2014]. Con la gran cobertura mediática del cambio climático antropogénico y la comprensión de que los glaciares son especies en extinción [Carey, 2007], las percepciones populares están cambiando poco a poco, y tanto los científicos como los movimientos sociales y los legisladores se están comprometiendo cada vez más a desarrollar protecciones legales para los glaciares.
 
Mientras que Chile se enfrenta a problemas importantes asociados con una larga sequía que afecta a sus regiones más pobladas, la legislación centrada en el medioambiente se ha convertido en la principal prioridad para muchos chilenos. En 2006, los esfuerzos legislativos para promulgar una ley de protección de glaciares en Chile empezó como resultado de la creciente preocupación sobre cómo las actividades mineras estaban poniendo en peligro los glaciares pequeños al norte del país [Herrera Pérez and Segovia, 2019]. Por la misma época, otras iniciativas que afectaban a las cuencas glaciares, tales como el proyecto de la hidroeléctrica HidroAysén, ayudaron a incitar a los activistas locales y nacionales, que exigieron acciones medioambientales más robustas por parte del gobierno. Con el país enfrentado a importantes problemas asociados a una larga sequía que está afectando a sus zonas más pobladas, la legislación centrada en el medioambiente se convirtió en la principal prioridad de muchos chilenos después de que el pueblo pidiera abrumadoramente  una nueva constitución. Ya a principios de 2021, la última iniciativa relacionada con los glaciares, la llamada "Ley sobre protección de glaciares" todavía se está discutiendo en la Cámara del Senado. A pesar de los objetivos admirables de la ley, actualmente contiene algunas falencias que, de ser aprobada, socavarán su efectividad.
 
La criosfera crucial de Chile
Con casi 4.300 kilómetros desde el Cabo de Hornos al sur hasta la frontera del norte, y con una extensión promedio de apenas 180 kilómetros entre los Andes y el Océano Pacífico, Chile alberga la mayor parte del hielo y la nieve del hemisferio sur fuera de las regiones polares. También alberga un importante, aunque poco estudiado, ambiente periglacial, caracterizado por rasgos de permafrost, incluidos suelos y glaciares rocosos, entre otros (Figura 1). Se pueden encontrar glaciares, nieve y permafrost a lo largo de los Andes chilenos y en varios regímenes climáticos, desde casi tropical hasta subantártico, epitomizando así de la amplia variedad de condiciones medioambientales en las que pueden crecer y menguar estas reservas de agua.
 
 
Fig. 1. Este mapa mundial muestra la ubicación de los glaciares de todo el mundo según el Inventario de Glaciares Randolph. Los límites de Chile están delineados en rojo. El mapa de Chile muestra las ubicaciones potenciales del permafrost según lo indicado por el Mapa del Índice Global de Zonificación del Permafrost.Fig. 1. Este mapa mundial muestra la ubicación de los glaciares de todo el mundo según el Inventario de Glaciares Randolph. Los límites de Chile están delineados en rojo. El mapa de Chile muestra las ubicaciones potenciales del permafrost según lo indicado por el Mapa del Índice Global de Zonificación del Permafrost.
 
 
Los entornos fríos de Chile son parte de la esencia del país, y el desarrollo socioeconómico está inextricablemente unido a la dinámica de la criosfera. La agricultura, la minería, la provisión de agua potable, la hidroelectricidad, el turismo y los servicios del ecosistema dependen, de una manera u otra, de la presencia de la nieve y el hielo. En el sur, por ejemplo, el majestuoso paisaje glacial de la Patagonia atrae a visitantes de todo el mundo. En el norte y centro semiáridos del país, grandes áreas agrícolas, incluidas las mundialmente famosas regiones vitivinícolas de Chile, se riegan principalmente gracias a ríos de montaña alimentados por el derretimiento de la nieve y el hielo. En cierto sentido, cualquiera que disfrute de un Carmenere chileno probablemente estará degustando gotas de la criosfera chilena.
 
Es esencial un marco legal que tenga en cuenta el conocimiento técnico y teórico más moderno de los entornos fríos de Chile para lograr una regulación efectiva y para mantener el valor cultural y socioeconómico que proveen estos entornos. Los miembros de la Sociedad Chilena de la Criosfera, incluidos nosotros, la única sociedad científica de Chile dedicada al estudio de la criosfera del país, y otros geocientíficos han apelado al Congreso nacional de Chile y al público para ofrecer su apoyo y consejo para desarrollar una legislación científicamente rigurosa y precisa. Sin embargo, estamos cada vez más preocupados por la efectividad de la ley de protección de glaciares porque las versiones actuales que se están debatiendo en el congreso contienen conceptos y criterios erróneos.
 
 
Las cascadas brotan de un glaciar en el Parque Nacional Queulat, en la Patagonia chilena. Foto: Alfonso FernándezLas cascadas brotan de un glaciar en el Parque Nacional Queulat, en la Patagonia chilena. Foto: Alfonso Fernández
 
 
Algunas limitaciones de la propuesta de ley
Al nivel más básico, estamos alarmados por cómo la legislación propuesta utiliza los términos "criosfera" y "glaciares" indistintamente. La legislación propuesta cubre tanto glaciares como permafrost, por lo que un marco más preciso conllevaría la protección de toda la criosfera. Sin embargo, hay ciertas preocupaciones más profundas que pueden ser difíciles de solventar una vez se haya aprobado la ley. Entre otras cosas, estas preocupaciones incluyen definiciones inviables de glaciar, un entendimiento pobre de la relación entre los ambientes glaciares y periglaciares, y el impacto de la legislación propuesta sobre ciertas infraestructuras clave.
 
Fundamentalmente, un glaciar es un cuerpo de agua en estado sólido suficientemente grande como para fluir bajo su propio peso, una característica que lo separa de los campos perennes de nieve o las áreas más pequeñas de nieve y hielo. La combinación de los conocimientos de la ley de flujo de Glen, un principio glaciológico fundamental que relaciona la velocidad del flujo de hielo con la pendiente y el grosor [Cuffey y Paterson, 2010], con las relaciones bien establecidas entre la superficie y el volumen de los glaciares [Bahr et al., 1997] ofrece una orientación sobre el tamaño mínimo de una placa de hielo que puede considerarse un glaciar.
 
 
Una vista panorámica del Universidad Glaciar en el centro de Chile. Foto: Alfonso FernándezUna vista panorámica del Universidad Glaciar en el centro de Chile. Foto: Alfonso Fernández
 
 
Durante los debates en el Congreso, se han contrapuesto unas definiciones demasiado simplistas de los glaciares basadas en las propiedades del flujo y la capa de escombros con definiciones que consideran criterios más operativos, aunque técnicamente discutibles, como un umbral mínimo de superficie que se use a efectos de cartografía y protección en virtud de la ley. Algunas propuestas de los congresistas han argumentado que este límite mínimo debería ser de tan solo 0,1 hectáreas (1.000 metros cuadrados). Este umbral es mucho más estricto de lo que se suele aplicar normalmente en la literatura científica, que en vez de eso sugiere que una superficie de 1 hectárea (más o menos el tamaño de un campo de fútbol) podría ser un umbral más razonable para la cartografía de inventarios de glaciares [Paul et al., 2009; Leigh et al., 2019].
 
Un umbral de 0,1 hectáreas supondría la posibilidad de interpretar erróneamente parches de nieve como hielo glaciar. Considerando una amplia gama de pendientes realistas de superficies glaciares, la ley del flujo predice velocidades superficiales totalmente dentro del rango de incertidumbre de las técnicas de medición modernas, como el GPS de alta precisión, para espesores de hielo medios (unos 4 metros) correspondientes al umbral de 0,1 hectáreas. Además, investigaciones sobre balance de energía y masa muestra que los glaciares chilenos pueden derretirse a tasas superiores a los 15 metros al año [e.g., Kinnard et al., 2018]. Por lo tanto, las tasas plausibles de 4 metros al año tienen como resultado el derretimiento total de una masa de agua congelada superficial de 0,1 hectáreas en un año más o menos, cosa que viene a respaldar aún más la idea de que masas tan pequeñas no deberían catalogarse como glaciares en los inventarios.
 
La propuesta actual y el debate tienen errores porque no tienen en cuenta el papel hidrológico del permafrost y las áreas periglaciares. En la ley, el permafrost y los ambientes periglaciares son elementos clave que hay que proteger, y con razón. Hay muchos datos científicos que sugieren que muchas zonas que sufren estrés hídrico están cubiertas por sedimentos y suelos que pueden contener hielo perenne o estacional  (Figure 1) [Ruiz Pereira et al., 2021]. Estos entornos se delimitan según las características morfológicas, tales como la presencia de suelo congelado, así como umbrales climáticos, particularmente respecto a la elevación de la isoterma de cero grados (por encima del cual la temperatura del aire siempre está por debajo de 0°C). Aunque estos criterios están de acuerdo con lo que se sabe sobre las condiciones que mantienen el permafrost y los glaciares rocosos [Dobinski, 2011], la propuesta actual y el debate tienen errores porque no tienen en cuenta el papel hidrológico del permafrost y los ambientes periglaciares. En las regiones elevadas, incluidas grandes áreas de los Andes chilenos, la acumulación de agua y el drenaje dependen de los cambios del permafrost,  glaciares rocosos y glaciares. Por lo tanto, no se explica no tener en cuenta este papel, especialmente considerando que el primer artículo de la ley indica explícitamente que la principal razón para preservar los glaciares, el permafrost y las áreas periglaciares es su valor crucial como reservas de agua estratégicas.

Cómo pueden contribuir los geocientíficos
Entendemos algunas de las consideraciones y debates en torno a la ley de protección de glaciares de Chile, por ejemplo, sobre el umbral de la superficie mínima, en el contexto de que los legisladores esperan prevenir futuras batallas legales sobre su interpretación y aplicación. Tales batallas han ocurrido en Argentina tras la implementación de una ley igualmente pensada para preservar la criosfera de ese país. En Argentina se han presentado impugnaciones judiciales civiles y privadas relacionadas con el uso de un umbral de 1 hectárea en el inventario oficial de glaciares, mientras que el sector minero mantiene que el umbral era demasiado restrictivo y otros dicen que no protegía suficiente superficie. Estas impugnaciones han llevado a la denuncia  del principal científico encargado de recopilar el inventario alegando que no ha defendido la ley de protección de glaciares del país al adoptar el umbral de 1 hectárea, castigando así irónicamente a una de las pocas personas que luchó por que se usaran los datos más fiables científicamente en la protección de la criosfera.
 
 
Los glaciólogos atraviesan un valle glaciar en el centro de Chile para desplegar sensores. Foto: Alfonso FernándezLos glaciólogos atraviesan un valle glaciar en el centro de Chile para desplegar sensores. Foto: Alfonso Fernández
 
 
Como científicos, sabemos que aprobar una ley no acabará con los conflictos sobre la gobernanza de los glaciares de Chile y los entornos criosfericos. Queremos entablar una relación entre los ciudadanos y el gobierno para formar las expectativas de la ley en todas las partes y procurar información clara y precisa a la hora de legislar. Tal y como dijo Isaac Asimov, "el aspecto más triste de la vida ahora mismo es que la ciencia reúne conocimiento más rápido de lo que la sociedad reúne la sabiduría". Nos hacemos eco de ello y creemos que tenemos una oportunidad única para afinar la legislación de Chile implementando características dinámicas y actualizables en la ley de protección de la criosfera del país.
 
Por ejemplo, la ley debería establecer paneles de expertos académicos, ciudadanos y oficiales públicos encargados de poner al día regularmente las definiciones operativas utilizadas en la legislación y de revisar los últimos desarrollos técnicos (por ejemplo, las mejoras en los métodos para hacer inventario y monitorización de glaciares)-. Este enfoque podría facilitar la evaluación de los posibles efectos de actividades como el turismo y/o el desarrollo de infraestructuras de tratamiento de aguas en las áreas glaciares y periglaciares.
 
Esta práctica no es nueva: Los paneles de expertos a menudo apoyan la legislación (por ejemplo, relacionada con la presente pandemia de COVID-19 y la gestión de la pesca) facilitando orientación sobre las implicaciones de las investigaciones más recientes y proponiendo y evaluando medidas. En el caso de los glaciares, un grupo de consejo de este estilo podría, por ejemplo, estudiar los criterios de mapeado de glaciares pequeños [Leigh et al., 2019]. Teniendo en cuenta la importante variación y dinámica estacional e interanual de los glaciares, este tipo de enfoque puede ayudar a armonizar la conservación y la administración.
 
La gran importancia de los ambientes glaciares y periglaciares de Chile fundamenta la responsabilidad del país y la oportunidad de estar a la cabeza del mundo en cuanto a la protección de la criosfera. Hoy en día vemos con gran esperanza que Chile por fin se está dando cuenta del valor y la fragilidad de sus grandiosos paisajes glaciales andinos, en vez de darles la espalda, tal y como se lamentaba el conocido glaciólogo francés Louis Lliboutry en sus recorridos del siglo XX por los Andes  [Lliboutry, 1956].  La gran importancia de los ambientes glaciares y periglaciares de Chile fundamenta la responsabilidad del país y la oportunidad de estar a la cabeza del mundo en cuanto a la protección de la criosfera. Por tanto, las acciones gubernamentales en cuanto a la protección deberían servir de marco para otras naciones que se enfrenten al impacto del cambio climático en zonas montañosas.
 
En nuestra opinión, la versión actual de la propuesta de ley, por desgracia sufre de incertidumbres y omisiones que podrían sembrar las semillas de más conflictos en vez de las soluciones que espera el público chileno. Afirmamos que se puede mejorar ampliamente si se consulta a la consolidada comunidad científica del país. Esta comunidad está deseosa de cooperar en el desarrollo de una regulación adecuada que pueda servir de hito para el resto del mundo. Esperamos que el congreso tenga en cuenta nuestra oferta antes de aprobar una legislación mal defectuosa.