Concienciación medioambiental a través de la fotografía: Entrevista con Pablo García Borboroglu

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Foto: Global Penguin SocietyFoto: Global Penguin Society

 
Algunas personas dedican su vida a observar la naturaleza; otras, a transformar la manera en que el mundo la protege. Pablo García Borboroglu es, sin duda, parte de este último grupo.
 
Conocido cariñosamente como “Popi”, es un reconocido biólogo marino argentino, explorador de National Geographic y apasionado defensor de los paisajes salvajes de la Patagonia. Ha forjado una carrera extraordinaria al unir ciencia, divulgación pública y acciones concretas en favor de la biodiversidad.
 
Como fundador de la organización internacional Global Penguin Society, ha sido clave en la conservación de los pingüinos y los ecosistemas marinos a nivel mundial, lo que le ha valido reconocimientos como el Premio Indianápolis 2023, conocido como el "Nobel de la conservación animal".
 
Como jurado del 7.º Concurso de Fotografía de la Patagonia, Pablo aporta una perspectiva única, moldeada tanto por su experiencia científica como por su profundo conocimiento de los majestuosos ambientes patagónicos. En una era donde la narración visual es clave para la conservación, su participación refuerza la misión del concurso: celebrar imágenes que capturan la extraordinaria naturaleza de la Patagonia y concientizar sobre su fragilidad.
Patagon Journal: ¿Qué tiene la Patagonia que la convierte en un territorio tan poderoso —y a la vez tan vulnerable— frente al lente y a la acción humana?
Pablo García Borboroglu: La Patagonia es una tierra de contrastes: mágica y claramente distinta de cualquier otro lugar del planeta. Sus paisajes son profundamente salvajes, su fauna es única y su identidad es tan poderosa que, apenas la recorres, sientes estar en un territorio irrepetible. Pero esos mismos contrastes la hacen vulnerable. Puede ofrecernos un clima amable y, en cuestión de horas, volverse un entorno hostil y desafiante. Esa intensidad es parte de su carácter. La inmensidad patagónica nunca se captura por completo: siempre queda algo fuera del encuadre, algo más por descubrir. Esa sensación de infinitud nos impulsa a querer conocer más, regresar y explorar. Allí radica su fragilidad: lo que parece eterno y poderoso puede cambiar fácilmente si no entendemos que estamos frente a un ecosistema delicado, moldeado durante millones de años.
Como jurado del 7° Concurso de Fotografía de la Patagonia de Patagon Journal, ¿qué buscas en una imagen más allá de la estética: emoción, relato, denuncia o capacidad de generar conciencia?
PGB: Busco que la imagen logre conectarnos con el alma de la Patagonia, que transmita parte de su misterio. No necesariamente que lo muestre todo; a veces, una fotografía es apenas una ventana hacia algo inconmensurable. Me interesa que la imagen sugiera más de lo que explica, que invite al espectador a sentir y a imaginar lo que hay más allá del encuadre. La Patagonia no es solo una postal espectacular: es emoción, silencio y fuerza contenida. Si una fotografía logra evocar esa dimensión profunda —esa mezcla de belleza, inmensidad y vulnerabilidad— entonces cumple algo mucho más poderoso que lo meramente estético.
 
 
Foto: Mission BlueFoto: Mission Blue
 
¿Qué errores ves con mayor frecuencia al fotografiar naturaleza y vida silvestre, especialmente en lugares sensibles como la Patagonia?
PGB: A veces veo imágenes tomadas en situaciones forzadas, que pierden la naturalidad y el encanto de lo auténtico. Cuando se intenta controlar demasiado la escena o provocar una conducta en la fauna, se rompe algo esencial. Es importante disfrutar la naturaleza tal como es, en su cotidianidad. No todo debe ser épico o majestuoso. A veces, la imagen de una rama azotada por el viento, o de un animal en un momento simple de su rutina, puede transportarnos con más fuerza a la Patagonia que admiramos. La Patagonia no necesita dramatización: necesita respeto.
En un escenario en el que el turismo crece de manera sostenida en el sur austral, ¿qué rol puede desempeñar la fotografía para promover una relación más ética y responsable con los ecosistemas?
PGB: La fotografía puede —y debe— educar. Puede enseñar el valor de mantener los espacios lo más prístinos posible y de admirar a las especies sin destruir su ambiente ni alterar sus hábitos. Es clave que el visitante aprenda a no perturbar la fauna para obtener una mejor imagen, ni acercarse demasiado para lograr que el animal “mire a cámara”. Una fotografía ética es la que no modifica la esencia del momento. Si la imagen logra concientizar, trasciende su condición de simple fotografía y se convierte en una herramienta de conservación.
 
Foto: Global Penguin SocietyFoto: Global Penguin Society
 
 
Como jurado, ¿te interesa más la fotografía técnicamente perfecta o aquella que logra transmitir una conexión auténtica con el territorio y sus especies? ¿Por qué?
PGB: La técnica es importante. Una fotografía debe estar bien lograda y cuidada, debe llamar la atención y destacarse. Pero la técnica no es el fin, sino el medio. La técnica debe ponerse al servicio del mensaje, de los valores de la Patagonia. Debe ayudar a darles una dimensión que vaya más allá del papel o de la pantalla.
 
Lo que realmente importa es que la imagen tenga alma: que despierte una emoción en el observador, que lo conmueva, lo haga detenerse y reflexionar. Una fotografía técnicamente perfecta pero vacía no deja huella; una imagen con alma, sí.
¿Qué mensaje te gustaría que este concurso transmitiera sobre el futuro de la Patagonia y los últimos lugares salvajes y la urgencia de protegerlos?
PGB: Me gustaría que el concurso transmita el profundo privilegio de vivir o visitar un lugar tan extraordinario. Que nos ayude a entender que depende de nosotros que la Patagonia persista en el tiempo. Este territorio tardó millones de años en formarse, la mayor parte de ese tiempo sin presencia humana. Los ecosistemas no nos necesitan para existir; somos nosotros quienes dependemos de ellos. Ojalá las imágenes nos recuerden que la verdadera grandeza está en permitir que la Patagonia siga haciendo su trabajo maravilloso —aunque no estemos allí para verlo—, y que nuestro paso por ella deje una huella de cuidado, no de impacto. Porque protegerla no es solo un acto ambiental, sino un acto de humildad frente a la historia del planeta.
 

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