Contando historias de la naturaleza: una entrevista con el documentalista Kevin Zaouali

 
 
 
La Península Valdés, en el norte de la Patagonia argentina, es reconocida internacionalmente por ser un lugar ideal para el avistamiento de ballenas. Sus bahías protegidas le ofrecen puertos seguros donde migrar a la ballena franca austral para aparearse, parir y criar a sus ballenatos lejos de elementos hostiles y de la mayoría de los depredadores. 

 
Para muchos visitantes, basta con ubicarse en las playas del Área Natural Protegida El Doradillo o dar un paseo en bote por las aguas circundantes para ver cómo las ballenas salen a respirar o quizá realizar algún salto. Pero para el fotógrafo y documentalista de vida salvaje Kevin Zaouali era necesario hacer más que sólo capturar el momento: él quería contar una historia. 
 
Zaouali, un director de cine de 26 años oriundo de Buenos Aires, ha estado tomando fotos y videos de la vida salvaje y los elementos de la Patagonia y otros lugares del mundo durante los últimos 4 años, convirtiéndolos en galardonados cortometrajes con su productora Lyra Films. Su último proyecto es La Ballena Franca Austral.
 
Este cortometraje ofrece una mirada íntima a las vidas de la ballena franca austral de la Península Valdés, centrándose especialmente en una ballena como la protagonista de la película: una madre llamada Aoni (que significa "sur" en lengua tehuelche). Zaouali y su equipo, con la ayuda del programa de monitoreo del Instituto de Conservación de Ballenas, rastrearon a Aoni y su cría, capturando hermosos momentos de ambas juntas. El documental es una conmovedora historia acerca de la emoción, la belleza y la conexión. 
 
Recientemente, Patagon Journal conversó con Zaouali sobre su película, aquello que lo atrae de la vida salvaje de la Patagonia y lo que espera capturar a través de su lente. 


Cristóbal Pérez: ¿Cómo es tu relación con la naturaleza, y con el mar en particular?
Kevin Zaouali: simplemente me siento parte de ella. Desde chico, mis padres me enseñaron a admirar, comprender y sentir la naturaleza. Mis momentos íntimos con el mar comenzaron en las costas de Omán a los 6 años, cuando pasaba horas mirando los peces nadar debajo del muelle del pueblo en donde vivíamos. Silencio, contemplación y pasar horas admirando la vida en todas sus formas.
 
¿En qué momento te diste cuenta que dedicarías tu vida a esto?
Es algo que se dio muy naturalmente y desde muy chico, siempre fui el “fotógrafo de la familia”. A los 14 comencé a tomar fotografías de manera regular gracias a las enseñanzas de Luis Calizaya, mi gran maestro en la fotografía. Con el pasar del tiempo y gracias al apoyo de la familia y los amigos, el camino solo fue volviéndose más evidente. Es una pasión que estuvo ahí desde siempre y no es algo que pueda tener un fin.
 
 

 
 
¿Cómo se gestó el documental La Ballena Franca?
Una vez que decidí terminar mis estudios en biología y cine, tomé la decisión de crear un cortometraje en el cual tuviese la oportunidad de representar mi forma de mirar y sentir la naturaleza. Conversando con Santiago Sainz-Trapaga, con quien formamos un equipo de trabajo, decidimos enfocarnos en la ballena franca debido a nuestra conexión con el mar patagónico y, en especial, con este majestuoso animal. Para nosotros, la ballena ocupa un sitio importante en nuestras vidas por el simple hecho de haber vivido en Puerto Madryn. Allí, la ballena ocupa un lugar casi central en la vida de cada persona, todos de alguna manera u otra estamos ligados a ella. Trabajamos a diario durante 6 meses para crear un guion, planificar el rodaje, armar un equipo de artistas y conseguir el financiamiento necesario.
 
Faltando poco tiempo para la llegada del invierno, momento en el cual debíamos comenzar el rodaje, y sin haber conseguido un colaborador que financiara la totalidad de la película, decidimos crear una campaña de financiamiento colectivo y cubrir los gastos del rodaje. A un mes de comenzar la campaña, y gracias a la ayuda de decenas de personas y organizaciones que se sumaron, pudimos dar inicio a la campaña de rodaje.

¿Cuál es el mensaje que buscas transmitir con el documental?
 Lo que queremos transmitir es un mensaje de amor hacia el mar. Para nosotros no alcanza con conocer para conservar, también hay que amar. El mensaje es tan simple como eso.
 
En la película hay siete pasajes de voz con textos extraídos de distintas poesías de autores provenientes de todas partes del mundo. Nunca se menciona a la ballena y nunca se intenta explicar nada de lo que sucede en la película. La narración no está para cubrir ciertos agujeros de la historia, sino que la utilizamos para que aporte su propio valor. No es una película que se concentre en la información, todo lo contrario; dejamos de lado los datos para darle un rol principal a las emociones.
 
 

 
 
¿Qué caracteriza a la ballena franca austral? 
Personalmente, lo que más me emociona en las ballenas francas son las relaciones entre sus individuos y su vida social. Realizan enormes migraciones desde sus sitios de alimentación cerca de la Antártida hasta las aguas de Península Valdés, para encontrarse con las demás ballenas de su población. Los rituales de seducción, la cópula y luego la crianza de los ballenatos recién nacidos son comportamientos muy complejos y es maravilloso poder observarlos. El amor entre las ballenas existe y es muy fuerte.
  
¿Cómo fue la producción?  
Seis meses fue lo que nos llevó el estudio de las ballenas, la escritura del guion y la planificación del rodaje para este cortometraje. Una vez llegado el invierno, nos concentramos en un mes y medio de intenso rodaje en el área de Península Valdés. La historia requería de diferentes métodos de filmación para capturar todos los aspectos de la vida de la ballena: abajo el agua, en superficie y desde el aire.
 
El clima del día a día nos dictaba cómo debía seguir el rodaje: en los días muy ventosos no se podía volar el drone, pero tampoco embarcarnos, entonces nos dedicábamos a filmar desde la costa. Los amaneceres y atardeceres trabajábamos en la superficie del agua para aprovechar la luz suave, mientras que durante el mediodía trabajábamos bajo el agua. Para las tomas subacuáticas contamos con el Yellow Submarine, una embarcación semisumergible que nos permitió filmar todo lo que necesitábamos bajo el agua sin tener que bucear. Esto nos ayudó a permanecer más horas bajo el agua y poder esperar los momentos indicados en donde las ballenas curiosas se acercaban a interactuar con nosotros.

Además del Yellow Submarine, contamos con el apoyo de numerosas organizaciones como el Instituto de Conservación de Ballenas, The Conservation Land Trust, Bottazzi Whale Watch, Sourhern Spirit, Scuba Duba y el Ministerio de Ambiente de la provincia de Chubut, solo por nombrar las organizaciones porque es imposible nombrar a todos los individuos. Cerca de 300 personas han sido parte de este proyecto, de una forma u otra, y cada una ha sido fundamental para lograr nuestro objetivo de llevar la historia de la ballena franca hasta el cine.
 
 

 
 
¿Qué fue lo más difícil que debiste sortear en esta producción?
Durante la planificación, identificamos el momento de la cópula como el más difícil y el que no podía faltar para poder contar nuestra historia. Luego, durante el rodaje las cosas suceden como uno menos se lo espera: la cópula pudimos filmarla a los pocos días de comenzar la campaña y algunas situaciones relativamente simples como los saltos de las ballenas requirieron más esfuerzo del imaginado.

Hay una secuencia en la que aparecen orcas que ocupa cerca de un minuto en el documental, esta requirió un mes completo de filmación únicamente con esta especie porque queríamos mantener la misma calidad de narración visual que habíamos conseguido con la ballenas. Esos días navegando rodeado de orcas se ha convertido en unos de los días más emocionantes y felices de mi vida.
 
¿Qué es lo que más te gusta de Sudamérica, de Argentina y de la Patagonia?
Que todavía puedo encontrar un sitio alejado de todo rastro humano y estar rodeado de vida silvestre, en donde todavía puedo permitirme mis momentos de silencio y contemplación. No parece la gran cosa, pero en realidad sí lo es y hay que valorarlo y cuidarlo. Sitios salvajes en el mundo cada vez hay menos y todo se vuelve más artificial.

La Patagonia, además, es para mí un sitio especial en el mundo porque mueve una energía impresionante, tiene un carácter fuerte y no es para cualquiera. Por momentos es calmo y silencioso y por otros se convierte en una tormenta de viento y arena con enormes olas en la costa. Ese momento en el que todo parece volar por los aires es cuando más disfruto la Patagonia.
 
 

 
 

 

¿Tienes algún sueño por cumplir? ¿Qué proyectos se vienen?
Sí, queda mucho trabajo por hacer y sueños que cumplir. Yo soy un enamorado de mi tierra y de toda la vida que en ella vive. Llevar nuestras historias y nuestra forma de ver la naturaleza a las grandes salas de cine del mundo es sin dudas mi mayor sueño. En cuanto a lo personal, las islas del sur y la Antártida son algo pendiente que voy a incluir en el próximo proyecto. Ahora mismo, estamos trabajando en una película documental para el cine sobre evolución y comportamiento animal. Una película muy poética y que apunta a un público global.
 
¿Crees que vamos por el camino correcto en cuanto a la protección de ecosistemas y lugares salvajes?
 Sinceramente, no lo sé. Sí puedo decir que hay mucha gente apasionada trabajando de manera incansable para que estemos en una situación mejor con respeto al ambiente y a nuestro propio futuro. Personalmente, creo que lo que necesitamos es una revolución del amor; entre humanos y también con el resto de las criaturas con las que compartimos el planeta. ¡Quizás aquí hagamos foco en la próxima película!
 
Para saber dónde ver la película y obtener más información, visita http://www.lyrafilms.org" target="_blank" style="font-size: 12px;">www.lyrafilms.org. A continuación, el tráiler de vídeo:
  
 

La Ballena Franca - Trailer Oficial from LYRA FILMS | Wildlife Cinema on Vimeo.

  
 
 
 
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